domingo, 29 de diciembre de 2013

Elysium - Crítica


Ricos versus pobres

Neill Blomkamp, quien llamó gratamente la atención con District 9, en 2009, añade otra película del género a su filmografía. Sin maravillar, logra construir un producto efectivo que en ningún momento pierde el ritmo ni la fuerza que porta el relato.
Ubicada la historia a más de unos 140 años de la actualidad, nos encontramos con una diferencia importante en lo que concierne al hábitat de los seres humanos. Mientras unos, los acaudalados, se regodean en una estación espacial que lleva el nombre del film, los otros, los más humildes, se las ingenian para vivir como pueden en la Tierra, que por cierto se halla en ruinas y con sujetos que sufren condiciones de supervivencia nefastas. Max (Matt Damon), trabaja en una fábrica y padece el infortunio de recibir una carga de radiación por la que le diagnostican pocos días de duración. Para solucionarlo, no tiene otra alternativa que viajar a Elysium para curarse.


Blomkamp le imprime dinamismo y energía a la proyección. Si bien es cierto que quizás se exceda en el recurso al flashback, todo se suple gracias a la contribución de unos efectos especiales estruendosos e impecables, más los momentos de acción dotados de explosiones y disparos que prácticamente no dan respiro. En el medio de todo este asunto un Damon tuneado para afrontar la misión, pelado, morrudo, casi un tanque humano que va al acecho sagazmente en cada secuencia.
Inevitable mención a la fuerte crítica hacia la desigualdad social, en un modo extremista y con un estilo mucho más sólido que cintas como Oblivion, en la que también retrataban un universo devastado. En el flanco de quienes dominan a “la otredad” desde el lujoso primer mundo, una Jodie Foster convocada para proveerle renombre e interés al producto, pero demasiado atrapada en un papel que de tan recio no convence plenamente.
Entretenida, con escenas de enfrentamiento muy bien rodadas, pero simple y poco innovadora, Elysium redondea un score que supera lo bueno.

LO MEJOR: ciencia ficción efectiva sin la necesidad de incluir a extraterrestres. Efectos especiales magníficos. Mucha acción. Matt Damon.
LO PEOR: el guión peca de predecible y sencillo. Foster extrañamente no cumple positivamente en su rol.

PUNTAJE: 7

viernes, 27 de diciembre de 2013

Películas del Recuerdo - Zodiac (2007)


Pistas que despistan

Dirigida por David Fincher, todo un maestro a la hora de crear atmósferas apabullantes, y basada en hechos reales, Zodiac sabe mantener una línea narrativa perfecta que en ningún momento descarrila ni decae a la hora de generar interés.
La película, con el sello y estilo propio del conductor de Fight Club, nos sumerge en la historia de un criminal conocido como “El Asesino del Zodíaco”, quien cometió una gran cantidad de homicidios a finales de los sesenta. Un sujeto caracterizado por ser tan enfermizo como inteligente, poseedor de una habilidad nata para enmarañar los asuntos a través de códigos cifrados que supo emitir a los medios de comunicación, junto con misivas en las que se autoproclamaba como el autor material de ciertas matanzas.
Reparto envidiable en el que si bien los tres principales personajes intercambian presencias, cada cual tiene su tercio de protagonismo en el desarrollo de la proyección. Jake Gyllenhaal (brillante actuación) como un caricaturista demasiado curioso que se va interiorizando con mayor fortaleza en la resolución de un caso que les remite en principio a Robert Downey Jr. y a Mark Ruffalo, de distintos oficios. Las cosas se complican cuando no hay pruebas suficientes que involucren a un sospechoso neto. Todo se ve envuelto en el misterio y en la impotencia por no lograr armar el rompecabezas de indicios que va dejando el villano de turno.
Un Fincher menos brutal o bestial que en otras entregas pero quizás más sólido desde la tarea que lo involucre con la investigación periodística y con un gran talento para fabricar climas en los que el enigma prima como cualidad determinante del relato. Más allá de un arranque vigoroso y sangriento, el film no necesita de muchas instancias más de acción y adrenalina para conectar al espectador; simplemente hipnotiza a grandes escalas gracias a un guión contado meticulosamente (pese a algún que otro salto brusco) y a unos acertados y justos instantes de tensión.
Pistas que desconciertan, despistan e incrementan la tenacidad de investigadores, verificaciones de caligrafía y comprobación de huellas y rastros que aparentan nunca avanzar en la indagación; una pila de acontecimientos tendientes a quedar boyando en la nada misma y un expediente que no merece cerrarse reinan en Zodiac, un producto imprescindible que combina perspicazmente crimen, intriga y thriller.

LO MEJOR: enigma puro. Se disfruta sin hacerse pesada incluso durando dos horas y media. Interpretaciones inmejorables.
LO PEOR: saltos apurados en ciertas secuencias, al pasar de un año a otro.

PUNTAJE: 9

martes, 24 de diciembre de 2013

Out of the Furnace (La ley del más fuerte) - Crítica


En la mira

Sólido drama familiar con acertados momentos de nerviosismo y tensión. Scott Cooper (Crazy Hearth) reúne un reparto de lujo para cimentar un relato que se percibe intenso y se siente muy natural.
Russell (Christian Bale) y Rodney (Casey Affleck) son dos hermanos que habitan en un pueblo que transita una situación económica poco solvente, con escaso empleo. El primero y mayor, trabaja en una fábrica; el menor supo combatir en Irak, pero en la actualidad del film se halla desencontrado y con un rumbo para nada certero. Las cosas se complican cuando Russell se ve involucrado en un grave accidente automovilístico por el que cae en prisión. Esto, no hace más que acrecentar el desbande de Rodney, quien comienza a enredarse en cuentas pendientes y negocios tan riesgosos como oscuros.


El arranque de Out of Furnace nos enseña la punta del iceberg de lo que puede llegar a dar el personaje de Harrelson. Osado, turbio y de temer, el bueno de Woody (malo en esta oportunidad) lleva a cabo una interpretación que cautiva, de esas que el espectador apaña, empatiza y a la vez odia al carismático villano. Por otra parte, Bale parece nunca fallar y resultar siempre una garantía enorme cuando le toca un protagónico. El papel de un tipo frío, sufrido y de sentimientos profundos le sienta tan bien como cualquier otra encarnación opuesta que haya concebido. Mención aparte para Affleck, acompañando de forma muy amena.
Una narración que en algunos pasajes se advierte levemente similar al melodrama mostrado en Warrior (la fotografía a cargo del mismo hombre, Masanobu Takayanagi), en donde los lazos familiares pegan fuerte y tanto la impotencia como la sed de venganza oscilan los mismos grados de estrés.
Un ritmo afable y entretenido logra mantener la expectación. Cooper se da el gusto de crear una brisa de suspenso a partir de la que la rigidez va cobrando mayor vigor y energía en cierto punto de la cinta, añadiéndole una pizca de incertidumbre al tramo final. Out of Furnace acaba redondeando una performance más que buena, a pesar de no ser acreedora de algún elemento muy distintivo que la catalogue como un producto trascendente.

LO MEJOR: la historia, el modo en que se narra. Conecta gracias a la credibilidad de las actuaciones, en especial a la gran contribución de Bale.
LO PEOR: queda esa sensación de faltarle algo, no existen escenas por la que se la recuerde con énfasis.

PUNTAJE: 7,4

lunes, 23 de diciembre de 2013

Don Jon (Entre sus manos) - Crítica


Don Porn

Escrita, dirigida y protagonizada por Joseph Gordon-Levitt, Don Jon cuenta, además de generar expectativa por tratarse del debut desde la dirección y guión del actor de Inception y Premium Rush, entre otras, con un tráiler jugoso casi coreográficamente perfecto para promover el film. Pero en muchas ocasiones los adelantos son tan buenos como engañosos, y he aquí cómo nos topamos con la realidad decepcionante de una proyección olvidable.
La historia involucra a Jon como un joven sumamente adicto al consumo de pornografía. No es que tenga una vida sexualmente poco activa ni mucho menos; todo lo contrario, pero más allá de conquistar mujeres distintas en cada noche de juerga, el personaje de Gordon-Levitt no puede dejar de recurrir al porno. No hay placer que lo satisfaga más que su fascinación y su apelación constante y cotidiana al material condicionado que ofrece la web. En su camino se cruza Barbara (la siempre sensual Scarlett Johansson), en el escalón más alto de belleza con el que se haya chocado Jon. Esta relación representará el desafío más importante para nuestro protagonista: dejar el lujurioso vicio que lo ocupa en internet para dedicarse de lleno a un vínculo sentimental menos superficial. Desde otra perspectiva, se le suma Esther (Julianne Moore), dispuesta a aleccionarlo y adoctrinarlo.  


La cinta tiene graves problemas de conexión con el espectador. Su ritmo, lejos de la mansedad, porta unas cuantas irregularidades. De a ratos no hace más que generar una sensación de insulsez característica de las narraciones vacías de trama y contenido. Todo se limita a una serie importante de repetidas situaciones que aparentan no aportarle novedad alguna al asunto. Don Jon gana en todo aquello que tenga que ver con la diferenciación de las reiteraciones agobiantes de acontecimientos típicos de las comedias románticas, pero pierde en el buen gusto.
El film constituye el retrato de una generación que demanda con mayor asiduidad la complacencia que le otorga la tecnología en cuanto a lo efímero y a las pulsiones sexuales. También refleja con naturalidad la competencia casi como un juego, entre amigos, por ver quién es el más ganador de la noche, en cantidad y calidad. Puede ocasionar, en contadísimos momentos, leves risas; no obstante, falla notablemente cuando procura conmover al público a partir de una suerte de determinaciones vacuas y descorazonadas, que de tan poca familiaridad con la propia línea narrativa de lo que se expone en pantalla, se terminan esfumando rápidamente.

LO MEJOR: ciertas situaciones algo graciosas. Dura menos de hora y media.
LO PEOR: insustancial, poco cautivadora. No enlaza. Irregular. Reiterativa, poco recurrente.

PUNTAJE: 4

domingo, 22 de diciembre de 2013

The Family (Familia peligrosa) - Crítica


Madera de gángsters

Luc Besson, reconocido por su obra de culto El quinto elemento,  entre otras producciones, nos adentra en una comedia negra, irónica y entretenida, aunque con algunos baches, acerca de una familia mafiosa.
Un gran reparto, donde los más experimentados (Michelle Pfeiffer y Robert De Niro) son los que mejor llevan a cabo las interpretaciones. Los cinco protagonistas (cinco, sí, contando al perro llamado Malavita), se mudan a una región de Francia encubiertos por el programa de protección de testigos del FBI. Esto les significa adaptarse y moldearse a un nuevo estilo de vida, pero todo parece indicar que hay algunas mañas que los integrantes de este clan no pueden quitarse.


La película intenta, con algunos topetazos y ciertas irregularidades, recurrir a un humor de tono satírico. Funciona, no a escalas muy grandes, cuando a esto se apela. Por otro lado acierta con un par de guiños cinéfilos a films de la temática del hampa, con cierta referencia, en un pasaje en particular, a la imprescindible Goodfellas.
The Family deja la sensación de que la historia se podría haber aprovechado mejor, teniendo en cuenta el elenco que posee y la quizás insípida forma en que se narran determinadas situaciones, pecando de no imprimirle un matiz más socarrón. Esto se percibe, también, en las pequeñas subtramas que se construyen; aparentan comenzar con una dinámica apreciable pero van decayendo hasta difuminarse y quedar inconclusas, careciendo de la fuerza necesaria como para enlazar netamente al espectador.
Más allá de una discontinuidad detectable, la cinta culmina siendo pasable, cerrando los últimos minutos con unas interesantes secuencias de tensión, agregándose así al desenlace un ameno recurso al thriller.

LO MEJOR: De Niro y Pfeiffer. Divertida. La cita a Goodfellas.
LO PEOR: desaprovechada, poco pulida en instancias que se podrían haber aprovechado mejor.

PUNTAJE: 6,3

martes, 17 de diciembre de 2013

Películas del Recuerdo - Barton Fink (1991)


Interrupción y desorden mental

Los guiones que escriben los Coen no son comunes. La extravagancia intercalada con el sarcasmo parece ser una marca registrada en los hermanos oriundos de Minnesota. Esta no es la excepción; de hecho forma parte de una de sus primeras obras, contando con la particularidad de haberse llevado los tres premios primordiales en el Festival de Cannes por aquel entonces.
Barton Fink no es una cinta que se caracterice por ser neta y ampliamente disfrutable como producto en sí. Tampoco es de fácil digestión para todos los públicos. Pero es tan enigmática que despierta interés y curiosidad, por cierto de manera creciente. Con la utilización de una fotografía oscura en cada secuencia y escenarios convocados, como es el caso de la habitación de hotel de nuestro protagonista, el film obtiene un nivel agobiante y casi claustrofóbico en cuanto a tenebrosidad y toda apariencia que tenga que ver con lo sombrío.
John Turturro hace de Barton Fink, un guionista que suele escribir acerca de personas comunes, de clase media, según él quienes tienen mucho más por contar que individuos de estratos más altos. Arriba a Hollywood y recibe un encargo: elaborar una trama de película sobre un personaje de lucha libre. Encerrado en su cuarto de alojamiento comienza a sufrir grandes problemas de concentración que no hacen más que bloquearlo mentalmente a la hora de idear la historia. Su vecino Charlie, llevado a cabo brillantemente por John Goodman, forja una relación amistosa pero extraña con Barton, quien a pesar de entablar este flamante vínculo no consigue superar su obstrucción creativa.


Al mejor estilo David Lynch, la proyección nos pasea por breves e intensos pasajes oníricos, con una buena cantidad de recursos al simbolismo, a la metáfora, intercalados con una atmósfera siniestra casi propia de narraciones de terror. Aunque con un segundo visionado se hace más apreciable desenmascarar todos los mensajes que contiene de fondo, la obra de los Coen resulta ser ese tipo de relatos en los que más allá de lucir unos ciertos retazos surrealistas, el entramado es mucho más simple de lo que presume y simula ser.
Barton Fink se burla del manejo de las superproducciones cinematográficas insulsas y burdas, critica el cuestionamiento hacia quienes emplean la mente como elemental herramienta de trabajo y connota, desde la sátira, el pensamiento y el modus operandi imaginativo del guionista, enlazando el proceso de creación con dolencias y sufrimientos personales.
La cuarta entrega de los hermanos que más adelante concibieron a The Big Lebowski, entre otras, es una invitación a la reflexión, un pase gratis a poner la mente en marcha para sacar conclusiones, culminando con un asunto que jamás se resuelve o bien dejado a libre interpretación de cada observador.
LO MEJOR: la ambientación. El aire de intensidad que se genera, lo sombrío y enigmático. Las actuaciones de Turturro y Goodman. Se le saca más jugo cada vez que se la vuelve a ver.
LO PEOR: tarda bastante en conectar; lo bueno se hace esperar en el metraje.

PUNTAJE: 8,1

viernes, 13 de diciembre de 2013

El Hobbit: La desolación de Smaug - Crítica


Despertando al gigante dormido

Llegó el momento de resurgir, de ir al grano y de convocar a la acción. Peter Jackson se despabila al fin y le pone mucho empuje a esta segunda entrega de El Hobbit.
La siesta llegó a su término, no hay más lugar para bostezos. Aquel manso preámbulo presenciado en la primera edición quedó en el olvido. Se acabaron los cánticos, el culto en demasía a los extraordinarios paisajes y los diálogos extensos. Lo que en Un viaje inesperado desbordaba, de a ratos, de cierta lentitud en su transcurso, es reemplazado por pasadizos de un ritmo mayor, en donde la adrenalina y la tensión ayudan a construir todo lo que se necesita para hacer de La desolación de Smaug una aventura más que disfrutable.
En esta oportunidad, Gandalf, Bilbo y los trece enanos emprenden camino hacia la Montaña Solitaria, la cual se encuentra bajo la protección del inmenso dragón Smaug. El objetivo radica en que Thorin pueda recuperar el reinado. Elfos, una banda inconmensurable de orcos y una serie de complicaciones se contraponen en el andar de nuestros protagonistas.


Nuevamente los planos y recursos técnicos vuelven a estar a la orden del día como elementos destacados (brillante y súper dinámica sucesión en la escena de la fuga en barriles), combinados a la perfección con enfrentamientos llenos de entusiasmo y energía, dignos de deleite visual. Además, Peter Jackson embelesa la narración añadiendo ingeniosamente pequeñas subtramas de diferentes personajes que, aunque aisladas, se conectan de una forma u otra con la historia y hazaña principal.
En El Hobbit: La desolación de Smaug, todo es sinónimo de desvelo y renacimiento, dos gigantes dormidos despiertan para confort y satisfacción del espectador: uno, tiene que ver con el despabilamiento del enorme dragón; el otro, con el rebrote de la trilogía gracias al fervor y vigor propio de la película.

LO MEJOR: supera ampliamente a la primera. Menos diálogos y más acción. Escenas muy dinámicas de pelea. De impecable factura técnica. Smaug, impresionante por donde se lo mire.
LO PEOR: dura más de dos horas y media.

PUNTAJE: 8

domingo, 8 de diciembre de 2013

Películas del Recuerdo - American History X (1998)


Aborreciendo el odio

Cortita la filmografía de Tony Kaye, el director que se iniciaba con el lanzamiento de esta película de culto a fines de los noventa. Un drama crudo y perturbador sobre el nazismo, con la misión de hacer reflexionar al espectador y a la vez generarle diversas sensaciones cruzadas.
Bestial actuación de Edward Norton en la piel de Derek Vinyard, capaz de mostrar con una naturalidad envidiable dos lados totalmente opuestos sobre actitudes y estados del ser humano, comparable en magnitud a aquella brillante interpretación que supo brindar un año después en la mítica Fight Club.
American History X trata sobre la vida de Derek, un “skin head” de California defensor de todas aquellas metas que perseguía la ideología nazi, promulgando el desprecio hacia la raza negra, inmigrantes, judíos y demás etnias que nada tengan que ver con los “ideales” de estos grupos cerrados. Lacrado y manipulado por la agrupación a la que pertenece, el personaje de Edward Norton cae en la cárcel por asesinar brutalmente a un hombre de color que intentaba robarle su camioneta. Cuando sale de prisión y al toparse de regreso con su familia, nota que su hermano menor (Edward Furlong) lo ha escogido como un modelo a seguir, algo que Derek ya no puede aceptar e intenta erradicar esa idea de su mente.


Tony Kaye, a cargo también de la fotografía, acierta en los momentos en los que busca convocar a un drama que agite y angustie, a partir de flashbacks fundidos en blanco y negro para teñir a la narración de un mayor sentido de emotividad y movilización.
El mensaje es claro y va cobrando fuerza a medida que el film avanza y se interioriza al observador en la realidad de lo que le ha sucedido a nuestro protagonista. Una proyección en donde se remarca que el odio no hace más que acarrear más odio, y que muchas veces los individuos son influidos y manejados por determinados clanes que estimulan y sacan a relucir lo más oscuro de su personalidad al punto tal de no saber comprender lo irracional de sus acciones.

LO MEJOR: de a ratos perturba. Edward Norton en impresionante actuación, de lo mejor de su carrera. Bien narrada, moviliza, agita.
LO PEOR: la banda sonora no es de lo mejor, de hecho no ayuda a intensificar las sensaciones que sugieren las imágenes.

PUNTAJE: 8,3

sábado, 7 de diciembre de 2013

The World's End - Crítica


La última cruzada

Edgar Wright vuelve al ruedo repitiendo una fórmula que le ha dado grandes resultados en entregas como Hot Fuzz y Zombies Party, cuya sustancia principal radica en la combinación de la dupla sumamente carismática que constituyen Simon Pegg y Nick Frost.
La historia es simple pero no por ello menos alocada. El director de Scott Pilgrim vs. The World compone una obra basada en las añoranzas de la juventud y en ese sentimiento de invencibilidad y despreocupación que se posee en la adolescencia. Pero a los protagonistas, un grupo de cinco amigos, la festividad le ha pasado por encima dos décadas atrás, cuando intentaron emprender una suerte de visita esporádica a cada uno de los doce bares que conforma un recorrido alcohólico y desenfrenado hasta llegar al último pub, el cual lleva el nombre de la película. Dicha maratón, quedó inconclusa en aquel entonces.


Todos han moldeado sus vidas, han formado sus familias y mantienen un trabajo estable. Todos menos uno: nada menos que Gary King (Simon Pegg), quien ocupaba el rol de líder de la banda, un sujeto que no tiene otro quehacer más que emborracharse y pasarla bien. Es precisamente Gary el que no ha superado aquella marcha trunca, por lo que decide convocar nuevamente a sus compañeros para quitarse esa espina y culminar de una vez el itinerario, hecho que puede llegar a ocasionarles inesperadas y estrambóticas complicaciones.
Esta comedia apocalíptica parece enfrentarse con This is the end, casi de la misma temática y con abordajes vinculados a la reunión de camaradas. La cinta inglesa cuenta con la ventaja de manejar de modo muy superior las situaciones que se van sucediendo, mientras es también acreedora de una mejor química actoral en la conjunción de sus intérpretes.
The World’s End, si bien no provoca momentos de risas desorbitantes o carcajadas, resulta disfrutable y entretenida gracias a su desaforado ritmo, a su buena banda sonora y a un Simon Pegg que desborda una vez más de chispa y conecta con cada movimiento, gesto e instancia en la que se encuentre participando.

LO MEJOR: aceptablemente divertida. Bien filmada, técnicamente no hay nada qué discutirle. Pegg y todo su carisma.
LO PEOR: no es lo que se dice una comedia demasiado graciosa. Amena para pasar el rato y no más que eso.

PUNTAJE: 6,5 

jueves, 5 de diciembre de 2013

Machete kills - Crítica


Macheteando la frescura

Robert Rodriguez intenta, con esta secuela, ir convirtiendo a Danny Trejo en una suerte de héroe del cine Clase B. Otra película para incluir en el listado que forma parte de esa especie de mito que reza que las segundas partes nunca fueron buenas. Lo que aparentaba ser igual de descabellado que disfrutable, endulzando al espectador con un vigoroso y divertido tráiler al inicio de la proyección, va dejando vestigios de creatividad en el camino hasta desmigajarse por completo.
A pesar de contar con un reparto caracterizado por una buena cantidad de cameos, en donde participan carismáticamente artistas como Lady Gaga, Antonio Banderas y, con un poco más de minutos en cámara, Mel Gibson y Charlie Sheen, al bizarro film no le alcanza para redondear, en su conjunto, una performance similar a la primera entrega de Machete, en la que la frescura y la sátira se ubican peldaños arriba de esta última edición.


Innegable es la capacidad de Robert Rodriguez para la puesta fotográfica y sus acertadas pinceladas artísticas. Nos tiene acostumbrados a brindar una imagen impecable. Pero el problema principal se da cuando lo aceptablemente disparatado pierde fuerza en parangón con el entretenimiento y el libre albedrío de ideas, en este caso con dificultades en la inventiva.
Lo más destacable de la cinta radica en un inicio dinámico, que mantiene la chispa hasta promediar la primera hora de rodaje. A partir de allí, un destello de sucesos no concebidos con mucha lógica (por supuesto siempre dentro de lo ilógico, valga la redundancia, y valeroso de este tipo de propuestas) ponen en leve riesgo el seguimiento enfático de la historia, restándole vibra y ánimo.
Rudimentaria, violentamente repetitiva y entretenida de a ratos, Machete kills queda lejos de ocasionar una concepción parecida a la de aquel carnaval de sabrosas y aparatosas insensateces que supo cosechar su predecesora.

LO MEJOR: el tráiler inicial, la dirección fotográfica. Los cameos le juegan a favor.
LO PEOR: la dificultad para construir ideas frescas. Muy menor, en sarcasmo, violencia y adrenalina a la primera. No hay un equilibrio apreciable entre lo bizarro y lo complaciente.

PUNTAJE: 4,7

martes, 3 de diciembre de 2013

Películas del Recuerdo - Match Point (2005)


La osadía

Con la particular prestancia y prolijidad narrativa - fílmica que distingue a Woody Allen, esta película de inteligente guión copaba las miradas y la atención de seguidores del creador de Manhattan, Bullets over Broadway y otras tantas joyitas del oriundo de Nueva York.
Un producto que goza de una buena mano, de un estilo refinado, en un empaque ostentoso, tentador y visualmente adictivo, aromatizado con una musicalización sensible como adornado, desde el ojo de la cámara, por la delicadeza que sugieren las imágenes, invitándonos a recorrer las calles y los pasajes londinenses de elite.
Match Point nos narra la cotidianeidad de un profesor de tenis llamado Chris Wilton (Jonathan Rhys Meyers) que le da un giro a su vida tras entablar una relación amistosa con un joven que se regodea en los lujos de la alta sociedad británica (Matthew Goode), insertando a nuestro protagonista en esa aparatosa existencia, en donde se involucra sentimentalmente con la hermana del acaudalado. El punto de inflexión se da cuando conoce a la prometida del personaje encarnado por Goode, nada menos que una sensual y provocadora Scarlett Johansson, con todo un juego retorcido y prohibido que pone en aprietos al ambicioso Chris.


La opera predomina en la composición de la banda sonora de la cinta, reforzando la estampa elitista y señorial de los sujetos implicados en el relato, en una historia que da cuenta tanto de placeres sabrosos y clandestinos como de culpas abrumadoras, con un ensayo perfecto sobre la dificultad de los individuos para lograr la plena satisfacción. Uno puede tenerlo todo pero incluso así no sentirse completo emocionalmente.
El poco control de los impulsos para envolverse y enredarse en un triángulo amoroso sumamente riesgoso, osado, al extremo de no poder regularlo por la fascinación hacia la estética y belleza femenina, acompañada de una pulsión sexual ingobernable.
Interpretaciones muy reales, para nada sobreactuadas, movimientos de cámara y planos absolutamente atinados, acordes a cada momento, tensión y un final construido de forma tan milimétrica como sorprendente marcan a fuego los aspectos más fuertes de una película que no deja indiferente bajo ningún punto de vista al espectador.

LO MEJOR: el grado de veracidad y credibilidad de la historia. El reparto, la musicalización. Técnicamente impecable. Vuelta de tuerca con un desenlace inteligente.
LO PEOR: probablemente le sobren minutos, incluso existen escenas que pedían un poco más de dinamismo.

PUNTAJE: 7,8

viernes, 29 de noviembre de 2013

Películas del Recuerdo - Día de entrenamiento (2001)


Lobo versus oveja

En las calles y pequeños suburbios norteamericanos se mezclan las pandillas callejeras. Para meterse a negociar ahí es necesario estar ducho y poseer experiencia. No cualquiera puede ingresar a lidiar con traficantes, hay que saber moverse y manejar todo tipo de recursos, desplazar ciertas piezas delicadamente y no ser demasiado abrupto.
Día de entrenamiento nos sumerge en ese mundo. Y lo hace enseñándonos dos estilos muy distintos entre sí. Denzel Washington está curtido en el asunto. Trece años de historias lo avalan en el rubro de narcóticos. Sus modos o procedimientos son cuestionables, puesto que oscila entre lo lícito y lo que traspasa esa delgada línea. Se suma Ethan Hawke, mucho más ético, “tiernito” en la jerga, un novato bajo la supervisión de Denzel, en lo que aparenta ser un primer y arduo día de trabajo.


Antoine Fuqua, que hasta ese entonces no había sabido conformar una obra recordable o trascendente, saca de la galera sus mejores conejos y artilugios posibles para engendrar un thriller tirante y entretenido, en donde uno de los grandes aciertos radica en la interpretación camaleónica de Washington bajo la muy buena compañía de Hawke. Cada cual constituye una cara de la misma moneda, de un flanco lo inmoral y del otro lo decoroso. El personaje de Ethan no esconde su ansiedad por atar cabos manteniendo las estrictas reglas que aprendió en la preparatoria, preceptos que se van diluyendo ásperamente a medida que su compañero y mentor lo interioriza en el tema, prácticamente obligándolo a manejar cada instancia de la manera en que él crea conveniente.
Training Day se ocupa de dar un pantallazo tan severo como real de la selva cotidiana que se vive en los alrededores de las zonas más sombrías de la ciudad. Un golpe bajo a la decencia de quienes son los encargados de protegernos y luchar contra la inseguridad, con una mirada pesimista pero sincera sobre la corrupción policial, con drogas en cada esquina y traiciones dispuestas a salir a la luz en cualquier momento.

LO MEJOR: no sufre altibajos. Frenética. Washington y Hawke, en ese orden, resaltando la sobresaliente actuación de Denzel. La realidad de lo que postula.
LO PEOR: falla en las escenas de enfrentamiento cuerpo a cuerpo, no están bien montadas.

PUNTAJE: 7,2 

jueves, 28 de noviembre de 2013

Los Juegos del Hambre: En Llamas - Crítica


Sobreviviendo

Esta segunda entrega supera en varios aspectos a la primera. También es cierto que posee una introducción mucho más extensa antes de dar el salto a las escenas de enfrentamientos, en donde los fluidos adrenalínicos corren con vigor en el interior de cada personaje.
Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence), flamante ganadora de la 74º edición de los Juegos del Hambre, aún conserva heridas o traumas que la aquejan tras los intensos episodios vividos de supervivencia y sangre. Peeta (Josh Hutcherson), se muestra más entero. Ambos deben cumplir con la gira de la victoria por cada distrito, percibiendo en cada visita aires de densidad y rebelión; se respira el hartazgo de los habitantes. El presidente Snow (Donald Sutherland), despiadado y maquiavélico, organiza un nuevo “Royal Battle”, el número 75, esta vez en una especie de ronda de vencedores, donde van dos integrantes de cada distrito.


Decidida y corajuda, esta segunda parte arrasa con toda su parafernalia, germinando la ansiedad y la histeria principalmente en el público juvenil, casi del mismo orden de seguidores de la saga Crepúsculo. Pero lo bueno es que no se limita sólo a conquistar a ese target; afortunadamente enlaza, abarca una porción más abundante y resulta entretenida, inquietante y disfrutable pese a sus casi dos horas y media de duración.
Los Juegos del Hambre: En Llamas es bastante más madura y sólida que su predecesora, incluso sin enfocar tanto la atención en las cruentas y sangrientas batallas sino en la crítica al autoritarismo propio de quienes ejercen el poder desde el rango jerárquico más alto y la reprobación a todo aquello destinado a despertar como sea el consumo de las masas de cualquier suerte de reality, mientras más impredecible y con sumos grados de morbo-fanatismo, mejor.
Párrafo aparte, curioso aunque no por ello mal proyectado, el énfasis casi constante en todo plano que permita resaltar la belleza y estética propia de Jennifer Lawrence, a través de un vestuario amplísimo.
Aun con fallos y decaídas pero con mayor cantidad de aciertos que desatinos, el film sale airoso gracias a un afable ritmo, actuaciones, instancias de nervio y contadas pero oportunas dosis de un humor muy irónico.

LO MEJOR: la capacidad de conformar una proyección superior a la primera, más fructífera. Bien filmada. Ambientación y maquillajes superlativos.
LO PEOR: demasiado extensa, le sobra metraje. Tarda mucho en adentrarnos en el escenario de contienda.

PUNTAJE: 6,9

domingo, 24 de noviembre de 2013

Las brujas de Zugarramurdi - Crítica


Hechiceras vascas y bizarreadas

Las brujas de Zugarramurdi tiene fuerza y adrenalina. Mucha, y sobre todo al inicio. Es fresca, osada, impulsiva, espontánea e intensa. Pero no todo el metraje. Pasada la media hora, quizás los 45 minutos, aparece el tambaleo, la irregularidad y el declive. Y se ve la cara que más le cuesta moderar o controlar al director bilbaíno: el exceso, en el sentido de saber distinguir hasta qué punto un gag es en verdad gracioso y funciona.
Hugo Silva y Mario Casas asaltan, junto con el pequeño hijo del primero, un local de empeño de oro y huyen en un taxi rumbo a Francia. Para arribar allí, es de pasaje ineludible Zugarramurdi, un pueblo oscuro y misterioso en donde se topan con la tenacidad de tres brujas que complican abruptamente su “estadía”.


Una comedia vinculada al género de terror/fantástico en donde la acidez y el humor negro vuelven a estar a la orden del día. De la Iglesia saca a relucir la misoginia en cada uno de sus personajes masculinos, en momentos realmente disfrutables. Conecta al espectador estruendosamente con un arranque a puro vértigo y ritmo, cargado de diálogos agudos, relampagueantes, con el particular desenfado y desprejuicio que le imprime el creador de El día de la bestia a sus proyecciones.
Inevitablemente, el film comienza a desarmarse mientras los minutos corren y la trama pierde fibra y energía. Pero el problema principal, quizás, guarde lugar en esa obstinación del vasco en no detenerse y en enviciarse con ese constante recurso a la sátira. Si bien tiene una capacidad innata para hacer reír, a De la Iglesia últimamente le está jugando en contra su ceguera en el hecho de discernir cuándo es necesario cortar una determinada escena o situación para no incurrir en la reiteración de una ironía que, por su desborde, pueda perder la chispa.

LO MEJOR: interpretaciones, fotografía. Un comienzo electrizante. Cuando el humor funciona.
LO PEOR: si bien se trata de una película bizarra, pierde sustancia y fuerza. Cuando el humor no funciona.

PUNTAJE: 5,5

lunes, 18 de noviembre de 2013

Películas del Recuerdo - American Beauty (1999)


Muerto en vida

A finales de los noventa, Sam Mendes añadía un valiosísimo ítem a su currículum, comenzando a mostrar sus capacidades de dirección, retratando a la sociedad norteamericana (y por qué no a otras tantas) a partir de esta tragicomedia, bordada finamente con una acertada musicalización y pincelada con unos cuantos retazos de drama.
American Beauty destapa la cotidianeidad de la familia de clase media, apelando a exageraciones e ironías para resaltar aún con más fervor las miserias humanas. Kevin Spacey brilla incandescentemente en la piel de un personaje que nos narra y enseña su aburrido ritmo de vida, su insostenible e inaguantable rutina, cansado al borde de un estallido que desnude su sensación de hartazgo al extremo. “En cierto modo, ya estoy muerto”, relata, y no hace falta decir más. Una relación marital ultra gastada; la manifestación de vergüenza y rebeldía por parte de su hija y una crítica a la comunidad y al carácter monótono y repetitivo de lo comercial.


Todo aquello que rompa con el esquema, lo nuevo, lo distinto, lo prohibido, como componente llamativo y atrayente, exponiéndose como una bocanada de aire fresco, una salida necesaria a los deteriorados y convencionales hábitos. Una forma de volver a sentirse vivo. Allí aparece Mena Suvari, cautivante para los ojos de Spacey, la amiga de su primogénita. Su presencia lo moviliza, actúa como un pase gratis a la mutación de la personalidad del protagonista, sacando a la luz todo aquel repertorio de actividades y conductas que almacenaba en su interior. Kevin se transforma, se va tornando impredecible, incontrolable e impulsivo. Le pone pimienta y sentido a su existencia.
El color rojo casi omnipresente en las escenas, en un doble juego de pasión y tragedia. La rosa, predominante también, representando la belleza como mera apariencia, como impacto visual y estético, aunque artificial.
Sombría, excéntrica, elegante, hipnótica, con frases milimétricamente construidas, metafóricas, memorables y con un final arrollador, American Beauty es una de esas proyecciones que el espectador siempre está dispuesto a volver a ver y disfrutar como en el primer visionado.

LO MEJOR: prácticamente todo. Interpretaciones, principalmente de Kevin Spacey. Bien filmada, buena banda sonora. La metáfora satírica como crítica a un sistema. El final y cómo se expone.
LO PEOR: quizás se extienda en algunos pasajes.

PUNTAJE: 9